Por otro lado, mi trabajo sobre Atacama constituye un relato visual a partir de mi experiencia en el campo de prisioneros de Chacabuco, durante la dictadura de Pinochet. En mis viajes recurrentes al campo de prisioneros de Chacabuco hay un intento de salvar objetos, documentos e imágenes. A través del montaje y yuxtaposiciones crear una constelación con ellos, una historia sobre un tiempo perdido en mi memoria. El montaje nos lleva a una descontextualización que rompe una línea de tiempo lineal. Rescato fragmentos de mis apuntes escritos durante el año que estuve en Chacabuco, donde describo cómo los vicios de la sociedad civil se reprodujeron en la sociedad anómala de la prisión, abordando la estructura de clases, el mercado negro y el tráfico de influencias. Este relato no se adhiere a las normas de la corrección política, sino que se adentra en las vivencias humanas de los prisioneros, explorando sus dilemas y miedos.
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